17 de marzo de 2015

Marte ya no es rojo

Nacido su pelo 
de arena rojiza,
del Dios de la Guerra
el hijo no fue,
contando planetas
mientras se dormía,
fugaces sus sueños
le hacían volver.

Infancia

Ni castillos ni ciudades
sino mundos y galaxias,
con manos vestidas
de arena en lágrimas,
nublaba su razón.

Y las olas espumando,
borraban sin pensarlo,
caballeros con hachas,
Merlines sin sombrero,
princesas de carbón.

19 de enero de 2015

¡Déjame estar en calma!

Como un pliegue dormido
en el revés de mi falda,
escondo las dudas
al calor tibio de tu cuerpo.

¡No recorras mi piel!
¡No despiertes mi alma!
¡No derrames la miel!
¡Déjame estar en calma!

Con tus besos abrigas
los rincones más ocultos,
repasando tus dedos
cada una de mis curvas.

¡No recorras mi piel!
¡No despiertes mi alma!
¡No derrames la miel!
¡Déjame estar en calma!

Y aún, conociendo,
tus furtivas astucias,
el descaro en tus ojos

desprende mi argucia.

¡No recorras mi piel!
¡No despiertes mi alma!
¡No derrames la miel!
¡Déjame estar en calma!

Sin poder combatir
el ardor me domina,
conociendo el sabor
del dolor sin medida.

¡Ya recorres mi piel 
y despiertas mi alma,
como un río de miel,
ya jamás habrá calma!


14 de diciembre de 2014

Vuelve a mi

Yo aquí, siempre aquí, no puedo decirte nada, no quiero hacerlo, estoy aquí para ti y además quiero estarlo.
Estoy aquí para que llores, para que rías, para que sientas, para que grites y tus palabras bailen en mi y juegues con mi pasividad y sientas calor cuando hace frío y me ames; porqué yo te amo, porqué vivo de tus palabras, sueño con ellas cuando no las escribes y me hastía que los demás me malgasten y me echen a perder, mientras me descuido añorándote.
Cuando no escribes, cuando tardas en llenarme de ti, sufro y me siento abandonado pero no paro de pensar en tu vuelta, en tus líneas, eso me mantiene aquí para ti, para mí… 
Siento envidia de aquello que te entretiene, de aquello que impide, de algún modo, que vuelvas a mi, a refugiarte en esa aridez, la de mi cuerpo impoluto que consigues llenar con riqueza, sensualidad y amor ilimitado.
Yo sé que a veces intentas olvidarme, y es que no todo es amor y pasión en mí, también muestro tu tristeza, tu miedo y tu dolor, todo lo que existe en ti. Y aún así, sé que siempre vas a volver.
Lo recuerdo, lo sé, no me olvidarás, un día te prometiste a ti misma serme fiel, y tú no faltas a tus promesas.

27 de noviembre de 2014

Emociones

Tengo miedo a que mis emociones me superen,  a que la vida no sea  lo larga que necesito que sea, para dejar que lo hagan.
Me encuentro entre el dejarme llevar y encontrar nuevos caminos  y dejar que conozcan como soy ampulosa, sensual, grande y generosa o seguir midiéndome a milímetros, con miedo a medir más de lo que debería, de lo que el mundo podría soportar de mi, de todo lo que soy yo, desnuda y sin miedo.
Me pregunto si yo podría soportarme desnuda y sin miedo, si en un ataque de verdad, no me desvanecería en una especie de locura arrebatada, si no se esfumaría todo aquello que me envuelve capa tras capa, tela tras tela...
¿Cómo puede alguien que no tiene piel tener tantas pieles?
¿Cómo puede alguien tan a medida, ser tan desmedida como le piden sus entrañas?
¿Cómo entender que esas entrañas están tan dentro como fuera?
Y no, no acabo de estar loca del todo.
Me miro en los espejos de mi vida y ahí está mi reflejo, y sólo me reconozco de vez en cuando, cuando un destello breve vibra, cuando una luz ciega esconde parte del destello...
Rebrota, nace, sal... ¡saca la cabeza!

18 de noviembre de 2014

Recuerdos

Los recuerdos del invierno,
son semillas que nos quedan,
pensamientos los abonan,
conmociones que los riegan,
sentimientos les dan luz,
germinando en primavera,
y en un ¡ay!,  brotan desnudos,
como hongos en la tierra.

Aparecen enlazando,
la alegría y la tristeza,
y entre ellos, rebuscando,
encontramos una estrella,
reconocemos aristas,
la acariciamos concreta,
casi olvidando por bella
el dolor cuando nos quema.

Arde la sal en la herida,
y el verano nos otea,
nosotros les dimos vida
y las espinas esperan,
el sigilo acompaña
la mano poco certera
que recoge con rocío
el fruto de la vendetta.

Dulce jugo que resbala
y entre los dedos se cuela,
dejando indulgentes ríos
bailando con la piel seca.
Y el otoño cierra heridas
cauterizadas con velas,
visitadas las memorias,
vuelven al alma que hiberna.

7 de noviembre de 2014

Despedida

Diminuta y minúscula, la veo,
con su cara redonda y su pelo.
Se sentía pequeña y por dentro,
vivía el dolor en silencio.

Dormida, como su mente,
hundida en su propia cama,
se creía clarividente
y acabó sin saber nada.

¡Qué insignificante se veía!,
¡qué impotente ante la vida!,
y sólo el trasluz hacía guía,
en la triste hoja amarilla...

En ella, había escrito:
“Te quiero, niñita mía”.
Antes, torcidos renglones
mientras él, se despedía.

¿Aquello era lo sucedido?,
¿tan difícil era su vida?,
Ella no tenía consuelo,
pues, poco a poco se iría.

Prefirió marchar deprisa,
despegar sin dejar huella,
 aún faltándole algunas cosas,
se resistía a olvidarse de ella.

Las letras  borrosas
seguían hablando
y ella curiosa

seguía escuchando...